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lunes, 10 de octubre de 2016

La ruta del pelo

Una de las cosas de las que me arrepiento inmediatamente es cortarme el pelo. Cada vez me digo lo mismo, pero siempre vuelvo a caer en la trampa de la búsqueda de la variedad y el cambio.

He decidido que voy a ser una viejecita con moño, porque no me gustan nada esas cabezas que les ponen a las señoras mayores en la peluquería, todas iguales. La cabeza toda redonda, parece que llevan un casco de motorista. Pero no quiero un moñito tirante, sino uno grande y flojo, para lo que necesitaré disponer de una buena melena, así que tendré que contener esos repentinos ataques de cambio de aspecto que me asaltan de tanto en tanto.

Todo esto me lleva a mi segundo viaje a la India, que se centró en el sur del país, cuando pasé por Tirupati. Allí se encuentra el templo de Balaji, del siglo XII, que recibe una media de 50.000 visitantes diarios, y en días concretos llegan a 100.000. Acuden a venerar a Visnú, y la mayoría de ellos, demasiado pobres para dejar un regalo, ofrecen su propio cabello. Las melenas de algunas mujeres llegan a medir más de un metro, y son las más apreciadas, aunque no se desprecia nada, ni siquiera el corto pelo de los hombres.

Para que os hagáis una idea de la cantidad de cabello que se puede llegar a reunir, os diré que en el templo Balaji hay 600 peluqueros trabajando diez horas diarias. A los peregrinos no se les paga nada por su pelo, ya que ellos lo dan como ofrenda a Vishnú, pero la fundación que administra el templo, con el dinero que obtiene por su venta, además de dar trabajo a 14.000 personas, sostiene cinco hospitales, doce colegios, una leprosería y varias instituciones de caridad, además de dar a todos los peregrinos alojamiento y comida gratuitos por un día.


Mientras le cortan el pelo el devoto permanece en absoluto silencio, agradeciendo los favores recibidos y rezando-


El pelo se lava, se prepara en mechones, se clasifica, y luego es comprado por diversas compañías que lo exportan. En las fábricas se decolora, se tiñe, se les aplica keratina, y se vende a las peluquerías.




El gran negocio lo hacen los intermediarios, porque al templo Balaji le pagan unos 18’5 euros cada kilo de pelo, mientras que una clienta europea o americana puede llegar a pagar hasta 2.000 euros por unas extensiones naturales de buena calidad.

Podemos jurar que gran parte de las melenas que se lucen en el cine, en televisión o, simplemente, en nuestras calles, viene de mujeres y niñas indias que la sacrificaron para dar gracias a Vishnú. La de vueltas que dan las cosas. Incluso un mechón de pelo.



3 comentarios:

  1. Al final con todo se negocia, pero quedémonos con el gesto humilde de ofrecer el pelo y la de familias que son sustentadas con ello. Por cierto, qué alegría haber podido realizar tan maravillosos viajes.

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    1. Parece mentira la de cosas que se hacen con la pequeña cantidad que le pagan al templo. La auténtica multiplicación de los panes y los peces. Y es que cuando se comparte, todo se multiplica.

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  2. Al final con todo se negocia, pero quedémonos con el gesto humilde de ofrecer el pelo y la de familias que son sustentadas con ello. Por cierto, qué alegría haber podido realizar tan maravillosos viajes.

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